Vacíos

                                                                                                                                                                                                                                                                                                      “A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”.
Oscar Wilde

La habitación está oscura, cierro la puerta con llave. Camino por el cuarto, quisiera quedarme para siempre acá, petrificada. Esquivo al espejo de pie para ir a abrir la ventana. Una ráfaga de aire húmedo entra al cuarto, oigo la voz de Hugo. Quisiera no escucharlo.

La foto del porta retratos nos muestra sonrientes; en ese momento éramos el prototipo de la pareja feliz. Aprieto el porta retratos contra mi vientre… perdí el hijo que llevaba acá adentro, pienso. Sobre la mesa de luz, un vaso de agua. Abro el cajón y busco el frasco de pastillas; no quiero saber nada más de Hugo.

Un golpe en la puerta me sobresalta.

-Hice todo lo que podía -dice.

Voy hacia el picaporte y verifico que la puerta esté bien cerrada.

-Vos nunca me amaste de verdad.

-No te alcanza.

-Nunca te importó tener un hijo conmigo, nunca te importé, andate, quiero estar sola -digo.

Voy hasta el equipo de música y pongo el tema “The thin ice”. El espejo, el frasco de pastillas y el porta retratos en la mesa de luz. Me paro frente al espejo, una grieta en el hielo, pienso, una grieta; agujeros vacíos por donde salen abejas doradas. Agarro el porta retratos y tengo ganas de reír, tal vez por la ridiculez que se me ocurrió, la idea rara de las abejas doradas; una idea rara, digo en voz alta, un metal frío que se derrite en el piso y tiro el porta retratos contra el espejo; los vidrios se rompen en minúsculos pedazos y cubren el suelo. Abro el frasco, me paro sobre los vidrios y pongo todas las pastillas en mi boca. Me arden las plantas de los pies, hay sangre entre los vidrios.

En el piso, el frasco, el vaso, vacíos, como yo y como esta habitación en la que suena la voz profunda de Roger Waters que dice no te sorprendas cuando una grieta en el hielo aparezca bajo tus pies, porque resbalas donde no debiste ir y pierdes la razón, con el miedo fluyendo detrás de ti, mientras te aferrás al hielo quebradizo…

 

http://www.youtube.com/watch?v=JzqjHHsegE8

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