De lluvia y de río

  Para Adair…                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

“Y es una fuerte, fuerte, fuerte lluvia la que va a caer.”
Bod Dylan


Esa noche había mucho viento y estaba por comenzar a llover. El río era testigo de nuestro encuentro, quieto e imperturbable nos acompañaba. El cielo estaba apagado, las nubes llenas de lluvia tapaban a las estrellas y a la luna. El río estaba tan oscuro que mirarlo me producía una sensación de ahogo.

Esa noche de otoño, la luna estaba en creciente y escondida. Solo la pudimos ver una vez, en un espacio entre nubes azuladas. Recuerdo que él estaba acostado boca arriba sobre mis piernas cuando las primeras gotas comenzaron a caer sobre su cara. De pronto, el viento empezó a levantar polvareda, a agitar el agua y a las copas de los árboles. Luego, llegaron al cielo los relámpagos que, en cuestión de segundos, iluminaron las copas y ellas, atrevidas, se movieron como acariciadas por el viento… Los relámpagos también alumbraron al río: el color marrón claro, en nada se parecía al color oscuro que tenía esa noche.

Llovía, las gotas cada vez eran más grandes y caían con más intensidad sobre la tierra. Nos levantamos dispuestos a buscar refugio en alguna de las galerías de la casa. Encontramos un lugar en una y ahí nos quedamos. Estábamos parados, mirando cómo caían las gotas sobre el pasto, desde allí podía oler la tierra mojada. Para encontrar su mirada, se me ocurrió decirle que era la primera vez que alguien me amaba. Lo busqué con mis ojos mientras se lo decía. Y él no solo me miró, sino que me agarró de la mano. Nos acercamos y fui en busca de un abrazo. Sentirlo cerca de mi pecho era como estar protegida, en un lugar cálido y vacío de angustias. Apoyé mi cabeza sobre su hombro, lo rodeé con mis brazos. Él me abrazaba agarrándome de la cintura, su cabeza descansaba en mi hombro; las gotas de lluvia nos salpicaban. Apoyó su mano sobre mi espalda; luego, me acarició la nuca, y el contacto con su ser me trajo el recuerdo de que alguna vez me habían amado, pero que esa vez había sido hacía muchos años atrás. Las lágrimas se confundieron con las gotas que quedaban en mi cara. Abandoné su hombro y fui, nuevamente, en busca de su mirada, él hizo lo mismo. Luego, acercó su boca hacia la mía y rozó sus labios contra los míos. Cerré los ojos, creo que él también hizo lo mismo; escuchaba su respiración y cómo poco a poco nuestros labios se iban reconociendo y se iban acercando, lentamente, en aquella noche de lluvia y de río.

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http://www.youtube.com/watch?v=6Q9fBU5ICxc

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